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Las reuniones con mis amigos son siempre muy placenteras. Nos juntamos todos los fines de semana a conversar sobre nuestras inquietudes. Durante la semana es muy difícil para nosotros juntarnos porque se interponen nuestros trabajos y algunos de mis amigos ya están formando una familia. De alguna manera eso me hace sentir un poco viejo. Pero no importa, nosotros tratamos de hacernos un espacio algún día del fin de semana y nos juntamos a conversar, a comer y a tomar. Generalmente nos encontramos en mi departamento los viernes a las ocho de la noche. Muy lugar es bastante tranquilo y seguro de modo que nadie o nada nos pueda interrumpir. Siempre encargamos comida por teléfono o alguien es encargado de traerla. De todas formas lo principal no es reunirnos para comer sino para no perder contacto. Nos conocemos desde muy chicos y creo que de alguna manera nos consideramos hermanos. Vivimos muchas experiencias juntos y eso nos hace cercanos. Somos cuatro, Andrés, Gabriel, Tomás y yo.

Siempre todos son muy puntuales pero en la última reunión Tomás llego dos horas mas tarde de lo usual. Había llegado todo transpirado y muy exaltado. Todos nos preguntamos que le había pasado y el nos explico como siempre hace, de una forma muy rara. Nos dijo que su día había sido muy usual pero que cuando salió con el auto para nuestro departamento, su automóvil dejo de andar. Salió del coche y lo revisó pero no podía hacerlo arrancar. El único lugar cerca de donde él se encontraba era un hotel al cual ingresó para pedir asistencia. Cuando entró, notó que no había nadie. Golpeo las manos pero nadie lo oía. De pronto empezó a escuchar música que provenía de una de las habitaciones al final del pasillo. Empezó a dirigirse para allí cuando una de las mucamas lo detuvo. Le dijo que se marchara que esa parte del hotel era privada. Él lo explicó su situación y la mucama un poco indecisa le dijo que espere. Por debajo de la entrada de la habitación aquella se podían apreciar luces de colores que provenían del interior. Él no lo pudo resistir más y se abalanzó sobre la puerta. Cuando la abrió noto que ese hotel era un club nocturno clandestino. Muchas mujeres desfilando, hombres bebiendo y jugando por dinero. Él no lo podía creer. Todo parecía irreal. Se dio cuenta que ese club era uno de los más conocidos en Internet pero no sabía que todo el dinero que se podía invertir en su página Web también se podía invertir de forma personal.

Uno de los camareros le pregunto si quería algo de beber y él para no quedar mal pidió whisky. Nunca en su vida había tomado whisky, iba a ser la primera vez. A los pocos segundos que el camarero le preparó y llevó el whisky el vio a un amigo conocido. Se aproximó a él pero su amigo no lo reconoció, pero lo agarró del brazo y le empezó a hablar. Le explicaba como había ganado esa misma noche dos mil euros en tan sólo cuarenta y cinco minutos. Por un momento Tomás no le creyó pero después pudo comprobar con sus propios ojos como en verdad su amigo, ya borracho, estaba ganando mucho dinero. El quiso probar suerte y empezó a jugar con él. Tomás tomaba las mismas decisiones que su amigo y no eran desacertadas. Ganaba casi en el noventa por ciento de las jugadas. Ahora era Tomás quien estaba ganando dinero. Pero se daba cuenta que algo andaba mal. Todos los jugadores ganaban, ninguno perdía. Por un momento no le presto atención. Siguió jugando y empezó a sospechar del mismo juego. Las personas empezaron a perder de forma consecutiva y se estaban quedando sin dinero. En ese momento el se dio cuenta que en realidad todo estaba planeado. Esperaban a que todos se vuelvan eufóricos por sus ganancias y luego de un tiempo el hotel las recuperaba. Cuando Tomás decidió irse fue parado por uno de los guardias que lo quería convencer para que se quedara un tiempo más. En ese momento él salió corriendo y lo empezaron a perseguir. Corrió hasta su auto y trató de ponerlo en marcha pero no arrancaba. Seguía tratando y los guardias cada vez estaban mas cerca. Uno de ellos se tiró encima del coche y fue en ese momento que pudo finalmente arrancar. Con su auto se dirigió para mi departamento y era en ese estado como nosotros lo encontramos.

Le dije que fuera a ducharse y que se tranquilizara que ya nadie lo perseguía. En ese momento siento que golpean la puerta de forma bastante fuerte. Yo me quedó pensando quién será. Me acerco despacio hacia la puerta y miro por el cerrojo. Eran de la pizzería con nuestro pedido. Pude respirar tranquilo, abrí la puerta y les pagué.

Después de unos minutos mi amigo Tomás salió del baño y nos dispusimos a comer. Todo ya había pasado, y lo mejor de todo, ahora tenemos una muy buena historia para contar al resto de nuestros amigos.